En estas páginas podría dar las gracias a muchas personas; a mis padres, amigas, profesoras. A ellos les debo quien soy. Pero me gustaría darles las gracias a los que me definen por como soy. Gracias por estar ahí siempre, por enseñarme a creer, por hacer crecer mi imaginación, por adaptaros a mis horarios, sentimientos y gustos. Gracias a los libros por hacer de mí lo que soy hoy.
No hay mejor sensación que la de abrir un libro y sumergirte en un mundo del que ojala nunca consigas salir. O llegar a la última página, cerrar el libro y suspirar. Y en ese suspiro, soltar emoción, miedo, angustia, felicidad. Nada en el mundo puede darte esto, la sensación de soltar tanto en un soplo de aliento.
Son los personajes los que me acompañan todos los días. Son mi tierra firme, las voces en mi cabeza que me aconsejan y que estarán conmigo, siempre.
Confían en mí y por medio de ellos los autores se sinceran, y yo escucho, paciente, sus historias tratando de comprender y conocer sus problemas, inquietudes, esperanzas y anhelos.
Son, además, un amigo en mi bolsillo, lo imprescindible en mi maleta y los cimientos de mi cultura. Son los que me inspiran a escribir mi propia historia de la que yo soy protagonista.
Armonizan con mi forma de ser y guardan mis secretos. En sus páginas veo reflejada mi alma como si se tratara de un espejo. Ellos nunca envejecen, nunca se oxidan.
Por eso mi agradecimiento va dedicado a ellos. Desde el primero al último. Gracias de veras, por hacer de mí la persona que soy hoy.
Lucía Alonso Montes